Todo el mundo anda buscando un amigo imaginario…

…pero no saben dónde encontrarlo.

No recuerdo con exactitud cuándo se me apareció por primera vez el Capitán Pooky, pero sé que cuando tenía tres años me unté vaselina en el pelo porque Pooky me retó. Este es un hecho bien documentado que quedó registrado en la historia familiar. Mi mamá me tuvo que tusar. He visto las fotos: parezco un pollo despelucado.

En retrospectiva, entiendo que mis papás debieron preocuparse porque pasaba la mayoría del tiempo sola conversando con un amigo que ellos no podían ver.
Pero yo me sentía perfectamente contenta, porque con él, yo podía ser yo, podía existir sin edición porque él era el único que no se burlaba, no me corregía, no me castigaba, no me hacía sentir menos.

Donde otros veían a una niña necia, él veía asombro, curiosidad, humor.

Y sí, obvio, era un amigo imaginario, pero eso no hace menos valioso lo que me ofreció.
Lo conjuré desde la soledad, un llamado nacido de la necesidad de ser vista, de tener a alguien que me dejara ser mí misma y no una versión más callada, más ordenada, más delgada…más normal.

Me dio el tipo de amor que yo anhelaba pero que no siempre recibí.

Hoy entiendo lo difícil que debió ser criar a una niña como yo. Desde pequeña fui lectora, extraña, introvertida y tímida; coleccionaba piedras, hablaba con las ardillas y creía en las hadas con absoluta convicción. Y aunque me habría encantado que alguien me hubiera dicho en ese entonces que yo iba a estar bien, deseo aún más que alguien se lo hubiera dicho a mis papás. Porque quizás si no hubieran tenido tanto miedo de lo mal que los hacía quedar el tener una hija como yo, no habrían visto defectos en donde solo había diferencias.

Por fortuna, para cuando nació mi hijo mi mamá ya había cambiado de opinión.
Se convirtió en defensora de la autenticidad y la niñez de él, y le dio al amigo imaginario de Mati todo el amor que no pudo darle al mío.

Solo entonces entendí que Pooky no me estaba protegiendo solo a mí; también estaba protegiendo la parte de mi mamá que nunca tuvo permiso de ser rara y necia y creativa.
Pooky representaba la ternura que ella no pudo darme porque nadie se la había dado a ella.

Hace poco fue el cumpleaños de mi mamá y mi amiga Natalia me invitó a almorzar para celebrarla y recordarla. Natalia cree firmemente en el más allá, así que me animó a hablar con mi mamá. Lo intenté, pero me sentí ridícula.
Y luego pensé: ¿qué es un amigo imaginario más?

Si mi mamá puede sostener mi dolor, aunque sea solo en mi cabeza, sería como una especie de validación retroactiva.
La ironía de que mi mamá sea mi nueva amiga imaginaria es tan deliciosa que seguro engorda.

Y sí, entiendo que esta lógica no tiene sentido para todo el mundo.
Al fin y al cabo, es una especie de lógica del duelo.
Lógica infanti.
Lógica mágico-mística rara-brujística.

Pero de pronto no es tan ilógico como creen.

Recientemente leí que la gente está usando inteligencia artificial como terapia, buscando un espacio seguro donde ser ellos mismos sin miedo a ser juzgados. Hay personas enamorándose de sus Replikas y sintiendo afecto por sus chatbots, buscando lo mismo que buscaba yo: alguien que nos quiera en toda nuestra desastrosa gloria envaselinada.
Alguien que vea el asombro y no salga corriendo porque somos “demasiado”.
Alguien que no se tape los ojos cuando mostramos las partes de nosotros que rara vez tienen permiso de existir fuera de nuestra propia cabeza. Bueno, de nuestras pantallas. Lo que sea.

Y lo entiendo. Encontrar un amor así en la vida real es difícil, porque hay partes de nosotros que se sienten demasiado reales para la gente real.

Pero para mí, esas partes —las que me hicieron untarme vaselina, perseguir arcoíris, besar sapos y cantarle a las nubes— son las que más quiero de mí.

Pueda que yo sea en exceso optimista, o tal vez un poco delirante, pero sigo esperando encontrar a alguien que me quiera así y sigo creyendo que los seres humanos aún somos capaces de amarnos completamente, con todo y reblujos.

Tiene sentido que crea eso. Al fin y al cabo, el asombro me crió, la magia me sostuvo, las palabras me sanaron…y mis amigos imaginarios siguen recogiendo los pedacitos que se me caen del corazón para volverlo a coser a punta de historias.


Comments

Leave a Reply

Discover more from angelaalvarezvelez.com

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading