Porque las cicatrices son prueba de que lo intenté.
El otro día hablaba con una amiga, y salió el tema de las cicatrices. Tengo tres muy visibles en la cara, y varias más en el cuerpo. Solo en el último año, coleccioné cuatro más, cortesía de otra cirugía.
Durante la conversación, mi amiga se sintió mal por mí.
Como si tuviera que compensar algo, me dijo:
“Casi no se notan. No están tan mal, son apenas visibles.”
“No,” le dije. “No entiendes. A mí me gustan mis cicatrices.”
“Ah,” dijo ella, visiblemente confundida. “Bueno, qué bien. Hay gente que dice que dan susto.”
Y le respondí:
“La gente debería asustarse. Debería asustarse mucho, porque tener cicatrices significa que sangraste y seguiste viva. Y eso quiere decir que sabes cuánto dolor puedes soportar. Y cuando pasa eso, cuando sabes cuánto algo te puede doler y seguir viva, dejas de encogerte.”
Cuando tienes cicatrices, no le temes al dolor, porque lo llevas contigo.
Y eso se convierte en tu superpoder.
Detesto ese dicho:
“Lo que no te mata, te hace más fuerte.”
No puedes inocularte contra el dolor.
Lo que sí puedes hacer es recordar lo fuerte que ya eres.
Lo que no te mata no te vuelve fuerte; te recuerda que siempre lo fuiste.
Hoy es mi cumpleaños.
Un año más, marcado por el dolor.
Y no hablo solo de las marcas en mi cuerpo.
Hablo de las que no se ven—las que están debajo de la piel.
Las que te sales cuando amas. Cuando pierdes. Cuando sobrevives.
Las que te susurran:
Sigues aquí.
Sigues latiendo.
Sigues intentando.
Cada cicatriz es un recibo.
Prueba de que pagaste con sangre tu derecho a ocupar espacio en este mundo.
Prueba de que entraste a la arena, en vez de bolear la mano desde las graderías.
Prueba de que dejaste un pedazo de ti en la batalla y aun así saliste de ahí.
Para mí, mis cicatrices significan que le dije sí a la vida.
Sí al caos.
Sí al riesgo de ser vulnerable.
Mi corazón sigue siendo una herida abierta en algunos lugares.
No todo ha cicatrizado.
Pero este año, no espero “sanar” por completo.
Espero coleccionar más cicatrices.
Porque las cicatrices significan que estuve presente.
Que sentí algo.
Que, aunque fuera dificíl y doloroso, elegí quedarme.

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