El potencial no es una promesa…y tampoco una buena inversión

De niña me enseñaron a querer a las personas por quienes podrían llegar a ser en lugar de por quienes ya eran. Más aún, me enseñaron a creer que la diferencia entre una cosa y la otra era el amor; que el amor era una fuerza transformadora, redentora y sanadora, capaz de convertir algo ordinario en algo extraordinario si uno le invertía el tiempo, paciencia, sufrimiento para generar las condiciones adecuadas.

A las niñas, especialmente, nos cuentan esta historia en todas partes. El sapo es en realidad un príncipe. El chico malo sólo necesita que alguien lo entienda. El hombre emocionalmente inaccesible se ablandará si se siente comprendido. El muchacho que todos ignoraron volverá diez años después, exitoso y arrepentido, en una canción de Avril Lavigne.

En otras palabras, todo lo que tienes que hacer es creer en una versión de alguien que todavía no existe.

Suena romántico en los cuentos de hadas, pero en la vida real, es una catástrofe.

Esa catástrofe se convirtió en mi vida porque amé el potencial como si fuera evidencia. Evidencia de que yo era una buena persona por ver lo bueno en todo el mundo. Evidencia de que merecía ser amada porque era capaz de querer a alguien a pesar de colección de banderas rojas.

No, no a pesar de ellas sino a raíz de ellas.

Las películas, las canciones y una cantidad alarmante de malos consejos me enseñaron a apostarle al largo plazo, a creer con todas mis fuerzas, a soportar la inestabilidad y a esperar pacientemente a que la inversión diera frutos.

Pero cuando a las mujeres nos premian por “ver lo bueno”, terminamos intercambiando esperanza por abandono propio.

Porque, científicamente hablando, no todo pedazo de carbón se convierte en diamante. La mayoría de las veces, el carbón simplemente sigue siendo carbón.

Lo mismo pasa con los sk8tr bois.

Invertir en potencial es una estafa carísima. Cuando confundes imaginación con evidencia, pierdes tiempo, seguridad, autoestima y la capacidad de confiar en lo que tienes delante.

Y cuando confundimos posibilidad con probabilidad, construimos vidas enteras alrededor de la idea de “algún día”.

Hasta que un día, “algún día” se convierte en:

“No quiero que todos estos años hayan sido en vano.”

El problema del potencial es que vive en el futuro, y las relaciones ocurren en el presente.

Y no, no estoy diciendo que las personas nunca cambien.

Estoy diciendo que no deberíamos construir una vida entera esperando que lo hagan.

Yo lo hice.

Me creí toda la propaganda del sapo-príncipe, del diamante en bruto y del sk8tr boi incomprendido, y pagué un precio muy alto por ello.

Porque mientras estaba ocupada queriendo a las personas por quienes podrían llegar a ser, abandoné a la persona que ya era.

Y ella merecía algo mejor.


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